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Dolores Ibarruri, la Pasionaria y su revolución impulsada por el discurso. - EL arte de la Oratoria
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discurso revolucionario

Dolores Ibarruri, la Pasionaria y su revolución impulsada por el discurso.

DOLORES IBÁRRURI, la pasionaria. La revolución impulsada por el discurso.

Dolores Ibárruri nació en Gallarta (Vizcaya), el 9 de diciembre de 1895. De familia de mineros.

            De su infancia sabemos lo que ella misma nos cuenta; que quería ser maestra. Hizo el curso preparatorio para poder ingresar en la Normal.  Pero en su casa le dijeron: «<No. Cómo vas a ser tu maestra y un hermano panadero y otro carpintero>. Y me quedé sin poder estudiar para maestra, a pesar de que mis padres podían haberme pagado la carrera. … Me mandaron a aprender a coser«.

            A pesar de no haber podido hacer estudios superiores, adquirió una sólida formación por medio de la lectura, primero de libros de ficción, luego de libros teóricos. Casada con un minero, tomó parte activa en luchas obreras y huelgas. Hizo sus primeros pinitos periodísticos escribiendo en El Minero Vizcaíno. Así nos cuenta en sus Memorias cómo era su casa; «los dormitorios sin ventanas, la cocina oscura, rezumando agua, el fogón en el suelo, la despensa vacía, el baúl sin ropa, la artesa  sin pan, mi marido en la cárcel y yo sola con mi hijo cosiendo cuando hay qué, para tener unos céntimos y poder dar un poco de leche a mi Rubén«. (El hijo de Dolores, Rubén, murió en 1942, en la batalla de Stalingrado).

            Participó en la fundación del Partido Comunista. Enviada a Madrid colaboraba en Mundo Obrero firmando  Pasionaria. Pasó temporadas en la cárcel. Dio mítines por España. Viajó a Moscú y a París.

            Se presentó a candidata al Congreso de los Diputados por Asturias, después de haber salido de la cárcel el  6 de febrero de 1936. Ya desde la cárcel había escrito y publicado en Mundo Obrero, el texto que sirvió de intervención en los textos de campaña. Solamente quedaban diez días para la fecha de la votación.

            De esta forma se refería a la situación en la que estaría la mujer si triunfasen los enemigos del Frente Popular. Era un estilo terriblemente duro que dibujaba una muy cruel opresión cotidiana:

            «Salarios de hambre, aplastamiento de todas las libertades, esclavización de la mujer, servidumbre del hombre, militarización de la juventud: un patíbulo en cada pueblo, un tribunal inquisitorial en cada aldea, en cada villa, en cada ciudad. Y, frente a estas fuerzas que ocultan sus propósitos adornándolos con una fraseología seudosocialista, para mejor engañar a los trabajadores, para arrastrar tras de sus negros pendones a los ilusos y a los ingenuos, que pudieran creer en la sinceridad de sus propagandas, se alza el Bloque Popular, que representa a la libertad y a la justicia, que simboliza las ansias de la justicia y de la libertad, donde los privilegios de una casta de dominadores sean suprimidos, para hacer participar al pueblo, del bienestar y de la paz, de una era de sosiego y de tranquilidad«.

La oratoria de Ibárruri tenía con frecuencia, dimensión internacional:

            «el mundo nuevo que, desde la Unión Soviética, desde el norte y este de Europa, irradia sus rojos resplandores la triunfante construcción socialista, enseñando a los pueblos atormentados por el hambre, la miseria y el terror, el camino a seguir para conseguir el pan, la tierra, la paz y la libertad«.

            Tras la obtención de la victoria del Frente Popular, y obtenido su escaño en el Congreso, muy pocos días después, en un mitin organizado en la plaza de las Ventas de Madrid, elevó un canto a la represalia:

            «Hay que obligar al gobierno a dar un ritmo más acelerado a la labor de depuración. Para vergüenza nuestra, existe todavía el régimen de excepción en España. ¿Por qué existe este régimen? ¿Por qué, después de haber triunfado las izquierdas, se mantiene el régimen de excepción que estaba enfilado contra ellas? … El pueblo exige el castigo de quienes torturaron, de quienes condenaron a muerte, de quienes asesinaron a los trabajadores. Esa es la verdadera legalidad que el gobierno ha de tener presente si el gobierno representa o quiere representar la voluntad popular.  Los partidos obreros que componen el Bloque Popular no han hipotecado sus principios revolucionarios ni han arrido sus banderas«.

            Andrés Sorel, en un libro sobre Dolores Ibárruri hace un recuerdo apócrifo de la primera vez que la diputada tuvo que hablar, en nombre de la minoría comunista en el Parlamento el 2 de abril de 1936.

            «Yo era muy tímida y siempre, al enfrentarme a las grandes muchedumbres se me encogía el corazón. ¿Cómo hablar? ¿Qué decir? Entonces pensé: si yo fuera no el orador, sino uno de ellos uno de esos hombres y mujeres que están ahí abajo, esperando mis palabras ¿qué querría escuchar? ¿de qué querría que me hablasen? Y me ponía a repasar sus problemas más angustiosos incluso su forma de expresarse. Así pronunciaba mis discursos. El Parlamento era distinto … pero también decidí romper aquella tradición e ir derecha a las cosas que interesan al pueblo, con palabras sencillas y claras, con el lenguaje que utilizaría en cualquier otro lugar. Y pronuncié un duro alegato contra las actas de Salamanca que habían dado – fraudulentamente a nuestro entender – el triunfo a Gil Robles por la CEDA. Dije:        

            <Nosotros impugnaríamos esas actas porque en ellas va Gil Robles, el jefe a quien desearía encontrar para decirle en su cara que es un histrión ridículo salpicado con sangre de la represión. … Cuando pido el encarcelamiento de Gil Robles y demás compañeros de fechorías, les hago un honor, porque ellos van a mancillar con su presencia las celdas de la cárceles y presidios que los revolucionarios de Asturias, de Cataluña, de Vizcaya, honraron con su presencia>«.

            El 16 de junio de 1936, un mes antes de la sublevación, volvió a tomar la palabra:  «Señor Casares Quiroga: para evitar las <perturbaciones> que tanto molestan a Gil Robles y a Calvo Sotelo, para terminar con el estado de desasosiego que existe en España, no basta con hacer responsables de lo que puede ocurrir a un señor Calvo Sotelo cualquiera, sino que hay que comenzar por encarcelar a los patronos que se niegan a aceptar los bandos del gobierno.  Hay que encarcelar a los terratenientes que lanzan a la miseria y al hambre a los campesinos; hay que encarcelar a los que con cinismo sin igual, llenos de sangre de la represión de octubre, vienen aquí a exigir responsabilidades por lo que no se ha hecho. Y cuando se comience por hacer esta obra de justicia señores ministros y señor Casares Quiroga, no habrá un gobierno que cuente con un apoyo más firme, más fuerte que el vuestro, porque las masas populares de España se levantarán para luchar contra todas esas fuerzas que, por decoro, no se debiera tolerar que se sentasen ahí«.

            Ante los insultos que a veces sufría, se revolvía así:

            «Hombres que seguramente no nacieron de mujer, hombres que posiblemente no tuvieron madre, decían queriéndoos insultar a vosotros y queriéndome insultar a mí que los trabajadores que en todos los frentes dan la vida y la sangre por la causa de la libertad, eran hijos de Pasionaria.

            Pensaban hacerme una ofensa y no pudieron hacerme mayor honor que considerarme vuestra madre, que considerarme la madre de todos los heroicos combatientes que en nuestros frentes de lucha, no vacilan en sacrificar su vida por la causa de la libertad, por la paz, por la justicia, por la cultura, por el progreso y por la República«.

            En uno de los últimos días de julio de 1936, habló La Pasionaria por radio. Su voz pudo oírse en las calles, desde las ventanas y desde los balcones:

            «¡Obreros! ¡Campesinos! ¡Antifascistas! ¡Españoles patriotas! … ¡Frente a la sublevación militar fascista, todos en pie, a defender la República, a defender las libertades populares y las conquistas democráticas del pueblo! … A través de las notas del gobierno y  del Frente Popular, el pueblo conoce a gravedad del momento actual. En Marruecos y en Canarias luchan los trabajadores unidos a las fuerzas leales de la República, contra los militares fascistas sublevados.

            Al grito de ¡el fascismo no pasará, no pasarán los verdugos de octubre! … Todo el país vibra de indignación ante esos desalmados que quieren hundir la España democrática y popular en un infierno de terror y de muerte. Pero ¡no pasarán!«.

            Al principio de 1939, la guerra civil va tocando a su fin. El último Consejo de Ministros  se celebra en Elda el 5 de marzo. Poco después, los dirigentes republicanos allí congregados van saliendo del aeródromo de Monóvar en pequeños aviones.

 

            Desde entonces la vida de Dolores Ibárruri  fue un exilio transeúnte. Vive en Moscú, estudia ruso, trabaja en radio España Independiente (la Pirenaica). Europa se destroza en la Guerra mundial. Tiene algún contacto con Stalin.

            Cuando cumple 50 años, 9 de diciembre de 1945, le organizan un homenaje en Toulouse en el que está presente Pablo Picasso.

            Sigue siendo una gran lectora. Se pone en contacto con las grandes obras de la literatura española (Cervantes, Blasco Ibáñez, García Lorca, Alberti, Machado, Miguel Hernández, Neruda) y universal rusa (Dostoiewsky, Pushkin, Tolstoi) y con las teóricas del marxismo. Ese es el secreto de la oratoria de Dolores Ibárruri. Tuvo dos fuerzas: la fuerza de hablar sintiéndose capaz de dirigirse con toda seguridad a las masas sacada de su vida familiar y política, y de su afición por asimilar una sólida y amplia cultura.

            Examinemos cómo transmite a los oyentes la dimensión internacional sacada de la esencia de la doctrina comunista y el impulso literario para conseguir una belleza que atraiga a los oyentes. Me refiero al discurso que pronunció en 1947, en el Parc des Sports de Toulouse en donde se apiñaron unos cuarenta mil españoles. Así lo afirmó:

            «Los comunistas consideramos que sin la colaboración de España, sin la aportación de España, no puede hablarse seriamente de la reconstrucción de Europa. … Se dice que España es pobre. Es posible que sea  así. Sin embargo,  en esa pobreza española, no lo olvidemos, se ha cimentado en no pequeña parte, la prosperidad de la industria siderometalúrgica de Inglaterra. No es una entelequia la existencia de yacimientos de mineral de hierro en Vizcaya, ni de cobre en Hueva,  ni el cobalto y el zinc de Santander,  ni el wolframio de Galicia, ni la posición clave de España situada en el centro de las rutas comerciales internacionales«. …

            «… cuando algunos hombres del campo republicano … olvidan … que la primera guerra imperialista fue organizada por los yanquis contra España para arrebatarle Cuba y Filipinas, últimos restos del poderío colonial español; cuando montados en el Clavileño de la fantasía y del deseo, y queriendo poner el carro delante de los caballos, se opina entre ciertos grupos políticos de la emigración que  debiéramos adherirnos al llamado plan Marshall cuando todavía existe Franco en el poder y míster Marshall no se muestra muy dispuesto a ayudar al pueblo español a liberarse, los comunistas españoles declaramos que no nos opondremos a pactos, tratados o fórmulas que no pongan en peligro ni la independencia de España ni su soberanía y que sirvan para facilitar el restablecimiento de la democracia«.

            Debido a su conocimiento político y a su sensibilidad en favor de la cultura, el 10 de noviembre de 1961, la hicieron doctora honoris causa en ciencias históricas por la universidad Lomonosov de Moscú. El rector justificó su investidura aduciendo su aportación a la teoría marxista revolucionaria. El discurso de Dolores fue, según ella misma manifestó «una fraternal expresión de solidaridad para con el pueblo español, como un homenaje a la clase obrera española en cuyas filas crecí y me desarrollé. Hice un breve repaso por lo mejor de nuestra historia. No hay filósofos, historiadores neutrales. Por eso yo, en consonancia con mi partido, había intentado restablecer la verdad objetiva de nuestra historia <valorando como elemento de primerísima importancia en el desarrollo social de los pueblos y en la historia de la sociedad humana el trabajo del hombre, la acción de las masas y la lucha de clases>«.

            Viaja mucho, de congreso a congreso. Está en íntimo contacto con los líderes comunistas europeos del momento. Bilak, Dubcek, Svovoda.

            Cuando cumple 80 años le conceden la orden de Lenin del Presidium del Soviet Supremo de la URS y el Premio Internacional de la Paz. Se sigue oponiendo a que el comunismo evolucione hacia uno u otro tipo de socialdemocracia o a cualquier forma de reformismo. Ve con esperanza que llega el fin del dictador y sueña con su vuelta a España.

            Asiste a distintas convenciones: Praga, Ginebra, Roma. En la capital de Italia habla así: «Hoy nos encontramos aquí, entre vosotros, camaradas italianos … camaradas, amigos; yo no os digo adiós sino hasta pronto en Madrid«.

            Termina 1976. Cumple 81 años de edad. Las últimas navidades que pasa fuera de España. Se legaliza el partido. Regresa. Va evocando el Madrid de su pasado: «Me alegra enormemente estar de nuevo en mi país. Vengo a vivir en paz y a trabajar en el partido como se trabaja en un país normal. Vengo a defender nuestras ideas, no a resucitar historias«.

            Y también a su Euskadi. Recuerda las palabras que le dedicara Blas de Otero «Vasca desde la raíz luchó como el viento del Cantábrico, amó a los mineros, a los obreros y a los campesinos, es resistente como el hierro de Gallarta y venerable como un roble de mi villa natal,  Orozco«.

            Otro capítulo de las rememoraciones es el Cristianismo. «Mi preocupación en mis relaciones con los cristianos viene de hace muchos años. Siempre supe, pues lo viví en mi propia fe y en la historia de mi familia y de mi infancia, que la Iglesia era una fuerza no solo religiosa sino política. De ahí mi interés en hablar con sacerdotes vinculados al Vaticano, con personalidades de la democracia cristiana, con teólogos y miembros de la Iglesia española. … Nosotros sostenemos que no es posible cerrar los ojos a los cambios que se están produciendo en el seno de la Iglesia católica. … Dentro del catolicismo emergen amplias fuerzas que se orientan hacia el porvenir, que se sitúan en posiciones favorables a la democracia y al socialismo«.

            Cuando durante la transición política el partido comunista fue legalizado en España y Dolores Ibárruri se trasladó a vivir a Madrid, uno de los personajes importantes con los que tuvo contacto fue el padre Llanos jesuita afiliado al sindicato obrero Comisiones Obreras. Uno de los lugares de encuentro fue la residencia del Pozo del tío Raimundo en donde el padre Llanos realizaba su labor pastoral. En alguna ocasión le decía a Dolores «¡qué alta te veremos en el cielo!» significando lo consciente que era de que Dolores Ibárruri   había entregado generosamente su vida al servicio de los que más sufrían. Al morir el padre Llanos el sindicato comunista quiso que en su lápida funeraria, junto a la de miembro de la Compañía se hiciera constar el de miembro de Comisiones Obreras lo que no se aceptó por parecer que no era lo mismo la entrega profunda a una orden religiosa que la más superficial a un sindicato.

            Dolores Ibárruri diputada en 1977, pasado el franquismo.

            Dolores Ibárruri volvió a ser elegida diputada por Asturias en las Cortes de 1977. El hilo conductor de aquellas Cortes fueron dos diputados de 1977 que lo habían sido también en las Cortes anteriores al régimen de Franco. Fueron Manuel de Irujo, del Partido Nacionalista Vasco y Dolores Ibárruri del Partido Comunista. Dadas las numerosas bajas habidas, Dolores, como miembro de la Diputación Permanente, ostentaba la condición de Vicepresidenta del Parlamento de la República. Sentada, junto con Rafael Alberti, en la mesa de edad, comenzaba el 13 de julio de 1977 la nueva etapa democrática. Así lo relata en sus Memorias:

            «Era sobrecogedor penetrar en el mismo hemiciclo del mismo palacio de las Cortes cuarenta y un años después. Cuarenta y un años de Historia: Frente popular, guerra civil, exilio, segunda guerra mundial, victoria sobre el nazismo y una interminable dictadura franquista, sostenida por la reacción mundial.

            Franco aseguró que terminaría con el comunismo. Encarceló, torturó, mató a centenares de comunistas y de patriotas combatientes de  la libertad. Y no pudo acabar con el comunismo. Eso se lo habían propuesto otros fascistas y reaccionarios antes que él. Y nadie lo consiguió. Porque los comunistas están fundidos con el pueblo. Y el pueblo es inmortal«.

            En el Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados del martes 31 de octubre de  1978 figura la votación nominal del texto propuesto  como Constitución que había sido publicado tres días antes. En la  lista de los diputados que votaron sí, aparece el nombre de Dolores Ibárruri Gómez.

              Nos lo cuenta Dolores en una de sus última páginas de sus Memorias. Qué libro tan voluminoso, de numerosísimos apartados breves, tan agradable de leer, que muestra tan claramente la afición que tuvo a lo largo de toda su vida, a escribir y a hablar.

            Una buena guía bibliográfica de Dolores Ibárruri la tenemos en su Memorias. Y en el libro de íntimas conversaciones elaborado por Jaime Camino.

            El próximo turno le corresponde a José Antonio Primo de Rivera de oratoria caracterizada por una atractiva dimensión poética.

Carlos
carlos.llerena@theshedcoworking.com
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