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MAQUIAVELO, profundo maestro del hablar. - EL arte de la Oratoria
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Maquiavelo

MAQUIAVELO, profundo maestro del hablar.

Maquiavelo, siendo gran retórico, no ha pasado a la Historia como orador.

 

A pesar de eso, a varios de sus trabajos les puso el título de discursos. Discursos sobre la Primera Década de Tito Livio, Discurso sobre la Corte de Pisa, Discurso sobre el Arte de la Guerra.

 

¿Por qué? ¿Por qué le complace llamarles discursos si no son piezas oratorias?  En Maquiavelo como autor se percibe muy claramente la práctica de las dos características que Demóstenes nos da de la oratoria: «lógica candente». Así es su retórica. Tiene una lógica mental muy poderosa y una emoción imaginativa manifestada por medio de infinidad de ejemplos y de anécdotas. La lógica aparece en profundidad por medio de la frecuente utilización del axioma. Axioma, como expresión conceptual tan evidente que no requiere demostración. Y candente, al aparecer con una forma muy original de manifestar la emoción: con historias.

viroli estudioso de Maquiavelo

Como destaca el biógrafo del diplomático florentino, Maurizio Viroli, Maquiavelo «sabe muy bien que más que un razonamiento, lo que vale es un ejemplo, una historia«. Conociendo el poder que tiene la utilización del anecdotario, lo manejó muy consciente de su capacidad persuasiva. Por dichas dos

dimensiones, si uno desea llegar a hablar bien en público, el modelo de Maquiavelo le puede resultar utilísimo.

La enseñanza que el autor de El Príncipe como pedagogo de la palabra nos da en su obra magna es enorme. Lo vemos en las consecuencias que la lectura de su libro ha tenido y sigue teniendo. Fue hace algo más de quinientos años cuando se escribió el libro de Maquiavelo sobre el poder. Libros sobre el poder a lo largo de la Historia y en la actualidad ha habido y hay muchísimos. Llama, sin embargo la atención que,  de todos ellos, el que más veces se haya editado y se siga editando sea el de Maquiavelo.

Hace ya varios años, en una de las veces que acudí a la Casa del Libro de Madrid, me di cuenta que eran varios los ejemplares de la obra editados por cuatro o cinco casas editoriales. Las fechas de edición no eran nada lejanas sino muy cercanas. Lo más distantes de nosotros  todo lo más, dos o tres años atrás. Después me enteré de cuáles eran todas las editoriales que lo lanzaban al público en España en lengua castellana. A saber: Akal, Alianza, Anaya (ilustrada), Ariel, Biblioteca Nueva, Biblok, Edaf, Espasa- Calpe, Herder, Palas Atenea, Porrúa, Síntesis (versión comentada), Tecnos. Tikal. En total, catorce.

¿A qué es debido semejante éxito? Junto a la profundización intelectual, la sensibilización de los conceptos por medio de anécdotas bien escogidas.

Maquiavelo acude a ejemplos de una forma espectacularmente  prolífica. En toda la notablemente breve obra de El Príncipe -en la edición de Tikal ocupa 94 páginas- aparecen un total de 167 ejemplos históricos. Ochenta y tres de ellos suceden en Italia, veinte en la antigua Grecia y veintiséis en Roma. Catorce están relacionados con Francia, tres con España, dos con Alemania y dos con los suizos. La historia antigua de Persia es evocada cuatro veces, la de Cartago dos y la de Turquía, tres. La mitología literaria sale en la obra en cinco ocasiones y la Biblia en tres. Cada ejemplo está muy cuidado en su selección, en su interpretación y en su proporción.

¿Por qué no han hecho lo mismo los demás autores que han escrito acerca del poder? ¿Por qué no hacemos lo mismo nosotros cuando hablamos en público? Porque nos da vergüenza. Creemos que acudir a las anécdotas es poco serio. Que narrar ejemplos puede resultar a veces un tanto infantil.

No es así si se tiene en cuenta, algo muy importante. Que la anécdota esté muy inteligentemente escogida. Que se acople bien a la acertada penetración intelectual. Que se ajuste a la gran capacidad de análisis que en Maquiavelo encontramos en todas sus páginas.

Maquiavelo tuvo una vida política y diplomática muy intensa. Fue canciller y secretario de la Segunda Cancillería de Florencia, embajador ante Luis XII de Francia y más adelante ante Maximiliano I, enviado ante el papa Julio II. Al volver los Médicis a Florencia fue expulsado de los círculos del poder. Conoció la época de tres emperadores:  Federico III, Maximiliano I y Carlos V. Y los pontificados de diez papas, entre los que destacan Sixto IV, Alejandro VI, Julio II, León X, Adriano VI y Clemente VII.

 

Su capacidad intelectual le hizo adquirir una formación verdaderamente sólida a partir de la experiencia que fue acumulando con los cargos que tuvo. De dicha experiencia sacó unas convicciones  mentales inquebrantables. Estaba muy seguro de su inteligencia. Creyó conocer con mucha precisión la realidad política de la naturaleza humana. No nos da sobre ella opiniones o pareceres. Nos da mucho más: nos da axiomas. Proposiciones científicas de las que no es posible dudar. Lo que en Ortega es la metáfora y en Churchill el aforismo, en Maquiavelo es el axioma. Metáfora y aforismo en la parte de lo «candente». Axioma en la parte de la «lógica».

Y para probar lo que decía, no tenía necesidad de buscar datos históricos esporádicos. Toda la historia sin excepción probaba lo que afirmaba, porque lo que afirmaba definía exactamente la naturaleza de la realidad. Si elegía unos casos o rechazaba otros no era para montar unas exclusivas pruebas fehacientes sino para adecuarlos al tipo de persuasión que cada situación exigía. Conocida la naturaleza del hombre, sus rasgos genuinos tenían que aparecer siempre que ella se nos presentase como tal. Esa es la profundidad con la que Maquiavelo busca los hechos del pasado y del presente. No hay en ello nada que avergüence o que pueda ser considerado poco serio. Al contrario. Quien define un concepto y no acude a hechos que lo iluminen es porque no ha profundizado suficientemente en la cuestión. De eso es de lo que tiene que avergonzarse. Toda ciencia nace de los hechos.

Cuando a Maquiavelo, después de realizar una afirmación, se le decía que no se probaba en la historia, mostraba no estar de acuerdo.  Entre una afirmación bien fundamentada y la realidad no puede haber contradicción.  Y pasaba enseguida a exponer dicha realidad constatada en hechos históricos para dar respuesta a la errónea objeción.

Maquiavelo "El principe"

Cuatro aspectos a imitar de Maquiavelo en nuestra habla en público.

 

Quien construye una conferencia, una charla o un discurso, debe imitar a Maquiavelo en estos cuatro aspectos. Más en uno, más agradable que en los cuatro primeros, que expondremos al final.

Idea, axioma, aforismo y ejemplo como primer caso.

El primer aspecto, la idea.

Consiste dicha faceta en dar a conocer la idea importante; la idea sólida, de peso. Una gran idea que Maquiavelo quiso dar a conocer y difundir en su libro El Príncipe, fue la siguiente: La ética y la política deben ir separadas. Para practicar un buen arte de gobernar el príncipe debe ser capaz de violar los principios religiosos y morales cuando le convenga. Lo que verdaderamente cuenta en el arte de gobernar es el resultado. El fin justifica los métodos engañosos y crueles, aunque tiene que aparecer lo más posible como bueno.

El segundo aspecto, el axioma.

A partir de tan atrevida idea que tanto ha impresionado a los comentaristas del diplomático florentino de todos los siglos, Maquiavelo deduce el axioma que la concreta y especifica.

¿Qué es un axioma? Axioma es una proposición tan evidente que se impone intelectualmente por sí misma sin ninguna necesidad de ser demostrada. Citemos varios axiomas que el autor de  El Príncipe nos ofrece en su libro referentes a la gran idea expuesta.

Un primer axioma: «Nunca intentes ganar con la fuerza lo que puede ser ganado con la mentira«.

Un segundo axioma: «No es necesario que el príncipe posea todas las virtudes de las que hemos hecho mención anteriormente, pero conviene que él aparente poseerlas«.

Y un tercer axioma. «Un príncipe nunca carece de razones legítimas para  romper sus promesas«.

Así debe obrar quien habla  en público. Una vez ha expuesto su idea procurar construir un axioma que la delimite y fije con precisión.

El tercer aspecto, el aforismo.

El tercer paso a dar consiste en la elaboración del aforismo. Si el axioma ilumina la dimensión intelectual de una disertación, el aforismo tiene por misión colmar la faceta volitiva.  El aforismo es una máxima que propone un modelo a seguir. De esa forma, Maquiavelo, con respecto a la idea de que la ética y la política deben ir separadas, le endosa al príncipe – éste es el aforismo – que «debe ser un gran impostor y saber fingir«.

El cuarto paso, el ejemplo.

Es el paso que consiste en iluminar con ejemplos la idea general que ha dado Maquiavelo al principio. Ejemplos que en este caso, se refieren todos ellos a las imposturas. A los engaños persistentes del papa Alejandro VI, a las mentiras de Agatocles, el príncipe de Siracusa, a las trampas de Oliverotto, príncipe de Fermo, a las falsedades de César Borgia.

Si alguien da una conferencia, una charla o un discurso y sabe concretar con ejemplos, bien históricos, bien presentes, su idea, tiene mucho ganado para conseguir su transmisión y fijación en el público oyente.

Idea, axioma, aforismo y ejemplo como segundo caso.

Expongamos una segunda gran idea que hallamos en El Príncipe. Una idea a propósito de la relación que debe tener el gobernante con sus consejeros y de cómo debe ser la aceptación o no aceptación de los consejos que recibe. ¿Cuál es esta nueva gran idea’ Pues que el príncipe debe transmitir siempre que está por encima de los consejeros que le rodean y ser muy cuidadoso en el seguimiento de los consejos que le dan.

De ahí vienen los axiomas. Nos dice Maquiavelo: «Existe un axioma que nunca falla: un príncipe que no sea él mismo sabio, jamás acepta buenos consejos«.  ¿Qué nos enseña dicho axioma? Que lo verdaderamente importante es su sabiduría, no la sabiduría de los demás.

Demos lugar al tercer paso, el aspecto empírico de la cuestión, el aforismo. Según Maquiavelo, un príncipe «ha de interrogarles (a los sabios) sobre todas las cosas, escuchar sus opiniones, y finalmente sacar sus propias conclusiones«.

¡Qué buen discurso, qué buena conferencia, qué buena charla, qué buena clase las del disertante que llega a construir primero su buen axioma. Y después su buen aforismo como máxima a seguir.

Y por último, el cuarto paso. La terminación con el ejemplo. Referente a consejeros y consejos Maquiavelo nos expone la mala práctica del emperador Maximiliano I.

Maximiliano I y Maquiavelo

Maximiliano I -escribe Maquiavelo – «… no consultaba a nadie, sin embargo, nunca se salía con la suya en nada. El emperador es un hombre callado, no comunica sus designios a nadie, ni acepta opiniones acerca de los mismos. Pero al ponerlos en práctica y ser conocidos, son de inmediato obstaculizados por los hombres que tiene a su alrededor, y él, se ve desviado de ellos. De esto se desprende que lo que hace un día lo deshace al siguiente, nadie alcanza a comprender qué desea o pretende hacer, y nadie puede confiar en sus resoluciones«.

Esta retórica persuasiva consiste en dar a entender lo mal que lo hacía el emperador Maximiliano con sus consejeros. El fragmento ilumina los dos axiomas sobre los consejeros citados antes.

Idea, axioma, aforismo y ejemplo como tercer caso.

Vamos a mencionar otra tercera cuestión como gran idea de Maquiavelo. El príncipe, como estratega que debe ser, debe tener grandes dosis de control de sí mismo y  en la manipulación que realiza sobre los demás. No debe manejar irreflexivamente la crueldad sino que debe hacerlo muy cuidadosamente.

¿Qué axiomas encontramos en El Príncipe a propósito de la gran idea del control de sí mismo del gobernante? Ofrecemos dos. Los dos hablan de la aceptación del entorno. Uno, del ambiente en general. Otro del humor concreto de las personas. Así nos dice Maquiavelo: «tendrá éxito quien dirija sus actos con arreglo al espíritu de los tiempos«. Y que el príncipe «se ve obligado a hacer el mal porque cuando el cuerpo está corrupto … habéis de someteros a sus cambios de humor y recompensarles, con lo que las buenas obras os perjudicaran«.

Y ¿qué aforismos encontramos deducidos de la gran idea que estamos comentando?  Pues éste: «las heridas deben infligirse todas de una vez … los favores han de concederse poco a poco«.

Como ejemplos de su idea Maquiavelo nos ofrece varios: Así, la comparación que hace entre Agatocles de Siracusa y Oliverotto de Fermio. El primero gestionó muy bien su crueldad. Por eso de él nos dice Maquiavelo: «no hay motivo por el que debe ser menos estimado que el más notable de los capitanes aunque reconozca que sus métodos de engañar a los amigos y de carecer de fe … no acarrean la gloria«.

El segundo acerca de Oliverotto que, en su mala gestión se dejó engañar por César Borgia y prender. Terminó estrangulado.

severo emperador y Maquiavelo

Otro ejemplo es el de Severo, emperador de Roma: Severo derrotó a Níger en Asia y a Albino en Francia llegando de ese modo a ser emperador advenedizo. He aquí el modelo cumbre de político que el autor de El Príncipe nos presenta entre los emperadores que enumera en el capítulo XIX. «Quien examine los actos de este hombre – dice Maquiavelole considerará un león de gran valor y un zorro de gran astucia; descubrirá que era temido y respetado por todo el mundo, y no odiado por el ejército. No hay nada extraño en el hecho de que él, un recién llegado, fuera capaz de conservar semejante imperio, porque su supremo renombre siempre le protegió del odio que el pueblo podría haber albergado contra él a causa de su violencia«.

Idea, axioma, aforismo y ejemplo como cuarto caso.

Acudamos a una cuarta y última cuestión para desarrollarla al igual que hemos hecho con las anteriores a partir de una idea de Maquiavelo y siguiendo por algún axioma y aforismo construido en torno a ella, llegar a los ejemplos históricos, pieza fundamental del estilo difusor de Maquiavelo.

¿Cuál es esa cuarta y última cuestión? La cuestión militar.

Para Maquiavelo es fundamental para el príncipe tener un buen ejército formado por ciudadanos con buenas armas. Otra de sus grandes ideas. Al tema del ejército, le dedica Maquiavelo en el libro sobre el poder del príncipe que comentamos tres capítulos: el XII, el XIII y el XIV.

Uno de los axiomas que construye sobre esta cuestión es el siguiente: «un príncipe que no se preocupe del arte de la guerra, aparte de las calamidades que le pueden acaecer, jamás podrá ser apreciado por sus soldados ni tampoco fiarse de ellos«.

Y paralelamente elabora el aforismo correspondiente como máxima propuesta a seguir: «un príncipe no debe tener otro objeto, otro pensamiento ni cultivar otro arte más que la guerra, el orden y la disciplina de los ejércitos«.

 

Por último llega el ejemplo. Veamos cómo nos cuenta Maquiavelo que hacía el príncipe aqueo Filopemen cuando, paseando por el campo, quería formar a sus amigos en las reglas de la guerra. Así les planteaba el problema:

Maquiavelo y el príncipe aqueo Filopemen

«Si el enemigo estuviera en esa colina y nosotros estuviéramos aquí con nuestro ejército, ¿quién estaría en situación de ventaja? ¿cuál sería el mejor modo de enfrentarse a él, manteniendo la formación?  Si deseáramos retirarnos ¿cómo deberíamos hacerlo?  Y formulaba durante el paseo todos los azares que podían afectar a un ejército; escuchaba las opiniones y exponía la suya respaldándola con razones, de modo que gracias a estas constantes discusiones no surgiera en tiempo de guerra circunstancia inesperada alguna a la que no pudiera hacer frente«.

Acabamos de dar un ejemplo muy llano pero también muy claro de cómo es el estilo oral de Maquiavelo. Un buen modelo que imitar.

Un quinto aspecto de Maquiavelo a imitar en una exposición oral.

El quinto aspecto a imitar es terminar, cualquiera que sea la disertación, con algo dulce.  Es como concluye Maquiavelo varios de sus capítulos. El capitulo XI dedicado a los principados eclesiásticos en el que  aparecen las desenfrenadas facciones entre los Orsini y los Colonna y las afanes de ambición desmesurada de Alejandro VI en favor de su hijo César, concluye con la esperanza en favor de León X «por su bondad y sus infinitas virtudes«.

Muy agradable es también el final de capítulo XXI.  «Un príncipe también debe mostrarse amante del talento y honrar a todo el que se distinga en una de las artes. Al mismo tiempo. debería animar a sus ciudadanos a practicar pacíficamente sus actividades, tanto en el comercio como en la agricultura … Además, debería entretener al pueblo con festivales y espectáculos en épocas convenientes de año, y ya que toda la ciudad está dividida en gremios o en sociedades, ha de mostrar tal estima por tales organizaciones, ser un ejemplo de cortesía y liberalidad, sin abandonar, no obstante, la majestad de su rango, ya que jamás debe consentir que ésta merme en ningún aspecto«.

Por último cabe destacar cuán dulce es el final del postrer capítulo, el XXVI. Es también el final del libro. Elige para terminar dando a conocer sus aspiraciones de que surja un libertador de Italia (Lorenzo de Médici) del que habla en el capítulo I. E ilumina tan gran aspiración con un verso de Petrarca, la única vez que cita a tan gran poeta en todo el libro:

«el antiguo valor no ha muerto aún

                        en el corazón de los italianos«.

Terminamos aquí, habiendo ofrecido a El Príncipe de Maquiavelo como un gran modelo del arte de hablar en público. Sepámoslo aprovechar con una gran dedicación.

Como bibliografía para conocer a Maquiavelo es imprescindible leer detenidamente El Príncipe. De forma, que si antes de leerlo nos parece, en nuestro nivel de hablantes en público, que la utilización de la anécdota es cosa de niños, después de leerle, estaremos ya muy convencidos para siempre que el uso del anecdotario es práctica de sabios.

Carlos
carlos.llerena@theshedcoworking.com
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