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La retórica de las mujeres de la casa de Austria - EL arte de la Oratoria
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mujeres de la casa de Austria

La retórica de las mujeres de la casa de Austria

La retórica de las mujeres de la casa de Austria. Margarita de Austria. La emperatriz Isabel. María de Hungría. Juana de Austria. Isabel Clara Eugenia, soberana y gobernadora de Flandes.

 

Las mujeres de la casa de Austria de España, en el siglo XVI, fueron numerosas. Todas ellas tuvieron una excepcional personalidad. Ocuparon importantes cargos de gobierno y acumularon valiosísimos patrimonios artísticos. Sin agotar su enumeración mencionamos a Margarita de Austria, nombrada regente de los Países Bajos en 1507 por su padre, el emperador Maximiliano I (hasta 1515) y por su sobrino, el emperador  Carlos V,  en 1520. La Emperatriz Isabel de Portugal, esposa de Carlos V. Gobernó España durante las ausencias de su marido (tres veces, desde 1528 a 1539). María de Hungría hermana de Carlos V y viuda de Luis II de Hungría fue regente de los Países Bajos desde 1530, durante 23 años. Juana de Austria, hermana de Felipe II y madre del rey Sebastián de Portugal, gobernó España de 1554 a 1559. Por último, mencionamos a Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II, que fue soberana de Flandes por haberlo recibido como dote de su matrimonio con su primo Alberto de Austria en 1599. Después de ser soberana fue gobernadora, por la vuelta de Flandes al control de Madrid. Hasta que murió en 1633.

Los cargos que ocuparon lo fueron como merecedoras de su categoría personal. Y en el desempeño de los mismos dicho rango, fue ratificado por sus hechos como gobernantas.

La manifestación común de su valía se transmitió a la posteridad por las colecciones de arte que formaron y que utilizaron como medio propagandístico de su ser y su quehacer.

A pesar de las grandes cualidades que tuvieron y el reconocimiento que se les prodigó, fueron vistas, por el hecho de ser mujeres, como menos dotadas salvo si estaban casadas y contaban con un marido que las orientara y dirigiera. Tal fue el criterio de Carlos V que sí nombró regente  a su hija María pero juntamente con su esposo el futuro Maximiliano II. Y sobre todo de su hijo Felipe. Felipe II estableció en un codicilo anexo a su testamento, y éste es el caso más extremo del criterio que comentamos, que si él fallecía y su hija permanecía soltera, no siguiera viviendo en la Corte sino que se marchara al Alcázar de Segovia, lugar de encierro y ajusticiamiento, o a Tordesillas, mansión de su tristemente célebre bisabuela Juana la Loca. Como Felipe vivió cuatro años más, Isabel Clara Eugenia se liberó de tan agrio destino. Vivo ejemplo de cómo la mujer tenía que soportar sobre su cabeza, un techo de cristal muy diamantino. Es muy lamentable que cuando en la Corte de París  se percibiera que Isabel Clara firmaba los documentos en nombre de su padre, se pensase que Felipe II se había vuelto loco, cosa que no hubiera ocurrido si el firmante hubiese sido varón.

El caso opuesto de rebelión contra este criterio lo encontramos en María de Hungría que se negó a gobernar Flandes si se le ponía como condición, casarse.

Al hablar de tan valiosas mujeres no queremos utilizar la palabra oratoria. Ninguna de ellas fue oradora. Todas ellas, sin embargo, en sus conversaciones y en sus escritos, destacaron por el uso magistral del buen decir.

MARGARITA DE AUSTRIA, DUQUESA DE SABOYA.

Margarita de Austria

Fue hermana de Felipe el Hermoso, padre de Carlos V. Por lo tanto, tía, primero del futuro emperador y finalmente, tía del mismo emperador. En su vida se produjeron tres fracasos matrimoniales importantes. El primero por haber sido rechazada por el rey Carlos VIII de Francia. El segundo por fallecimiento de su marido, el príncipe Juan,  hijo de los Reyes Católicos, a los seis meses de haberse casado. El tercero por la muerte de su segundo marido, Filiberto de Saboya.

Después de tan desgraciados avatares, su padre, Maximiliano I, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, la nombró  preparándola personalmente para ello, regente y gobernadora de los Países Bajos Habsburgo y tutora de sus nietos entre los que se encontraba Carlos.

En el ejercicio de su cargo mostró una energía y autoridad fuera de lo común. Actuó como sutil diplomática y hábil administradora. El historiador francés, Jules Michelet la consideró «el verdadero <hombre fuerte> de la familia«. Se sentía con capacidad para decidir y aconsejar sobre todas las cuestiones. Llevaba su propia agenda que luego Carlos, tras su muerte, corrigió para su sucesora.

La tía de Carlos y de sus hermanas estuvo muy vinculada a sus sobrinos siempre obsesionada por su salud y no tanto por su aprendizaje libresco. A Carlos le montó celebraciones solemnes en donde asumía la presidencia. Y fomentaba en él las prácticas caballerescas y ceremoniales borgoñonas. Tía y sobrino presenciaron la gran parada militar de los soldados de caballería que marchaban a luchar contra Güeldres. Estas ocasiones las utilizaba Margarita para inculcar a Carlos y a sus hermanas, una profunda lealtad a la casa de Habsburgo. «Los niños la adoraban».

El uso de la palabra oral.

Margarita tuvo grandes dotes de comunicadora. Manifestó que la comunicación se lograba mejor con la palabra oral que con la escrita. Desde sus capacidades de mujer decidida y astuta inculcó a sus sobrinos,  la habilidad de la comunicación.

Sus deseos de propaganda personal – que debieron ser muy profundos – se manifestaron por medio de las colecciones de arte. Margarita adquirió un conjunto de edificios en Malinas que fueron su cuartel general hasta su muerte en 1530. Allí formó una excelente biblioteca y acumuló obras de Durero, van der Weyden, El Bosco, Memlimg, van Eyck.

Primer uso de la palabra oral: el diálogo cultural.

En el centro que fundó, que llegó a ser «el más importante centro cultural del norte de Europa«, utilizaba Margarita la palabra amiga. Palabra amiga particularmente usada con Alberto Durero y con Erasmo de Rotterdam, los dos personajes que más frecuentaron a la regente.

Segundo uso de la palabra oral: el enfado.

La palabra oral le salía sin ambages en caso de enfado. No se refrenó a usarla en público cuando necesitaba arremeter contra situaciones que consideraba injustas. Palabra oral para advertir y para reprochar. Le exigió más poderes a su padre, el emperador, de los que en principio le había dado. Llegó a quejarse amargamente: «yo, su única hija, debería tener preferencia sobre todos los demás«. También tuvo tensiones con Chièvres (encargado de la Hacienda por el emperador Maximiliano), con los caballeros del Toisón e incluso con su sobrino Carlos hasta llegar a discutir con él a gritos en público. «Prefiero que la gente me diga las cosas a la cara y no a mis espaldas«.

Tercer uso de la palabra oral: el diálogo político.

Es la utilización de la palabra en la negociación. Reunida con Luisa de Saboya, madre de Francisco y cuñada de Margarita como viuda de Filiberto hermano de Luisa, concertó, en Cambrai, los textos de los dos tratados tras un mes de negociaciones sin la presencia de ningún ministro. llenó la política de dimensión humana. Hizo que Francisco I renunciara a Italia en contrapartida a Borgoña. A dicho compromiso de alta política unió la liberación de los hijos de Francisco, rehenes en España, a cambio de muchísimo dinero, más de un millón de escudos en metálico. Y el matrimonio del rey de Francia con Leonor, hermana del emperador Carlos, viuda del rey de Portugal, Manuel I.

LA EMPERATRIZ ISABEL.

emperatriz isabel de la casa de los Austria

Hija de Manuel el Afortunado y de su segunda esposa, María, hija de los Reyes Católicos, se educó en un ambiente cortesano fastuoso. La corte portuguesa acumulaba grandes riquezas provenientes de su creciente imperio transoceánico. De allí sacó un estilo dado a la grandeza. Cuando se le ofreció la posibilidad de casarse con el césar Carlos afirmó que o se casaba con él o que no lo haría con ningún otro.

Isabel fue regente de España, del 23 de abril de 1528 a 1533, del 1 de marzo de 1535 a 1536 y de 1537 a 1539. Debajo del nombre de Lugarteniente General y Gobernadora del Reino había normas muy concretas que supeditaban a Isabel a las instituciones y a los consejeros. Una conducta minuciosamente regulada. En ocasiones fue una gobernadora eficiente. Promovió que las damas portuguesas que había traído se casasen con prohombres españoles. Entre dichos casamientos sobresale el de Leonor de Castro con Francisco de Borja, su caballerizo mayor.

Convirtió su corte en un interesante centro cultural y social. Contó con los bienes artísticos de su tía Margarita que su esposo Carlos le enviara desde Flandes.  Logró una valiosa colección de libros de lujo. Realizó una conexión con figuras señeras del humanismo europeo.

La utilización de la palabra.

Contemplamos tres aspectos en la utilización de la palabra oral por parte de la emperatriz Isabel.

El primero, cierta asimilación del estilo del emperador, su marido.  Carlos utilizó un estilo muy retórico cuando manifestó la conveniencia de casarse con ella. Unió a su carácter la conveniencia de triunfar en las relaciones internacionales:

«… dejando al frente de la administración de España a una esposa que por los vínculos de la sangre, por su prudencia y equidad vele como un ángel de paz sobre esta región. … Juzgamos nuestro enlace no solo útil, sino enteramente necesario».  Es el estilo que utilizó también Isabel en situaciones importantes parecidas, como la del nacimiento de su hijo primogénito Felipe: «nuestro muy caro y muy amado hijo, el cual placerá a Nuestro Señor  que será bien de toda la república cristiana«. Entre Carlos e Isabel hubo una valiosa interinfluencia. Isabel hizo a Carlos más consciente de lo que era, le ayudó a seguir hispanizándole logrando que fuera también más humano.

El segundo fue adoptar para expresarse el estilo de transmisora. Transmisora entre el emperador y los súbditos y entre los súbditos y el emperador. Contra quienes ponían dificultades a la celebración de las Cortes de Segovia en 1532, la emperatriz se manifestó siempre partidaria de que se cumplieran los deseos de su marido. Una transmisión que, a veces fue muy eficaz. Como la de la colaboración de fuerzas portuguesas, favor de su hermano, el rey Juan III,  en la empresa de Túnez.

El tercero fue la utilización de un estilo profundamente compasivo. En frecuentes ocasiones mostró su profunda sensibilidad femenina. Como la de establecer una notable mejora de trato a los rehenes hijos de Francisco I, Francisco y Enrique, encerrados en la cárcel lúgubre de Pedraza. A partir de ahí se llegó a su liberación en Fuenterrabía.

A Isabel le preocupó la situación de los indígenas de las Indias. La cuestión formó parte del contenido de algunas de sus cartas exigiendo buena conducta con ellos. «Tengamos todos – escribía desde Medina del Campo – principal intento e intención a la conversión y buen tratamiento de los naturales dellas«.

En una ocasión bien concreta escribió a Paulo III «que vuestra Santidad mande conceder algunas cosas que conviene proveerse para la conversión e instrucción de los indios naturales de las nuestras Indias«. Consiguió que el papa promulgara dos breves y una bula en los que se encuentra una síntesis de la doctrina de la Iglesia sobre cómo tratar a los indígenas de las tierras descubiertas y ocupadas.

MARÍA DE HUNGRÍA.

Maria de hungria

Hermana de Carlos V. Viuda de Luis II de Bohemia y Hungría, muerto en la batalla de Mohacs en 1526, en lucha contra las tropas invasoras de Solimán el Magnífico.

Fallecida en 1530 Margarita de Austria, su sobrina María de Hungría fue nombrada por el emperador Carlos V, gobernadora de los Países Bajos. Y en el punto de arranque de su cometido, mostró su energía. Puso como  condición para aceptar el cargo no ser obligada a casarse. Estableció su residencia en Bruselas y no en Malinas como había hecho su tía Margarita.

El palacio de Coudenberg, donde vivía, fue sede de las colecciones de arte que María cultivó con espíritu heredero de su tía Margarita de Austria. Continuadora de la obra de ambas fue Isabel Clara Eugenia. Las dos coincidieron en su pasión por los tapices. Construyó otras residencias en los alrededores como Binche, Turnhout y Mariemont que supo aprovechar también muy bien Isabel Clara.

María de Hungría tenía un carácter muy decidido y autoritario. En la tropa la llamaban «la madre de los soldados». Tenía mucha afición a la geografía. Coleccionaba mapas, vistas de las ciudades y retratos. Sus pintores preferidos fueron Tiziano, Moro y Lucas Cranach. Su mecenazgo y su coleccionismo eran una manifestación de su poder político y de su deseo de darlo a conocer en el exterior. Erasmo de Rotterdam la consideró una mujer valiosa y heroica.

La supeditación al varón aparece muy cara al final de su vida. Habiendo dejado Flandes y vuelta a España para un definitiva jubilación, fue requerida por Felipe II a través de su padre, ya retirado en Yuste, para que volviera Flandes. Protestó por la carga que se le imponía. Sin embargo, aunque a disgusto, preparó el equipaje. La muerte de Carlos le hizo desistir. Ella murió cuatro semanas después que su hermano.

La utilización de la palabra.

Al igual que su tía, como persona supeditada al hombre, solo destaca en hablar cuando se trata de advertir seriamente a su hermano para que no presidiera las batallas (Túnez, Metz) o de enfadarse con él por la injusticias que cometía. Así por haber decidido irrevocablemente unos matrimonios inconvenientes para las hijas huérfanas de su hermana Isabel reina de Dinamarca. Cristina con Francisco Sforza de Milán cuando la niña tenía 13 años y Dorotea, de 15 años, con el duque palatino Federico, 38 años mayor que ella.

JUANA DE AUSTRIA.

Juana, la hija de Carlos V, se casó con Juan, el príncipe heredero de Portugal y tras fallecer éste – teniendo ella 19 años – dio a luz a Sebastián heredero de la corona. Juana, viuda, vivía aislada en la corte portuguesa.  Generó hostilidad por su arrogancia. Era considerada presuntuosa. Tenía un carácter firme y exigente. Se comunicaba poco con los reyes portugueses, don Juan y doña Catalina, ella, su tía, hermana de su padre Carlos.

Vuelta a España, dejando a su hijo Sebastián en Portugal cuando solo tenía tres meses, siempre permaneció viuda y su padre, el emperador y su hermano Felipe, le encomendaron el desempeño de importantes cargos. El 31 de marzo de 1554 Carlos V le nombró regente de España.  Fue muy eficaz en el gobierno y muy capaz de ganarse las voluntades. Estuvo en el cargo hasta el 12 de septiembre de 1559 día en que Felipe regresó a Valladolid.

Una gran obra palatina, religiosa y artística que Juana de Austria hizo en Madrid fue el monasterio de las Descalzas reales. Lo acomodó a partir del palacio que compró. El objetivo fue que vivieran allí, en el marco de la orden femenina de las clarisas, las mujeres de la corte que habían  quedado viudas o huérfanas. Lo hicieron junto a ella, su hermana María y las hijas de Felipe e Isabel de Valois, Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela. Allí acudieron insignes personalidades religiosas como Santa Teresa de Jesús y San Francisco de Borja. También importantes artistas como Sánchez Coello, Pompeyo Leoni, Tomás Luis de Victoria. Desde Flandes, Isabel Clara Eugenia procuró al convento diversas obras de Rubens

La utilización de la palabra oral.

Juana de Austria supo utilizar la palabra oral de tres formas:

Primera, teatralmente tal como nos cuenta Bataillon que hizo tras la muerte de su marido. Cuando la corte pasa de Toledo a Madrid, Juana se aposenta también en el Alcázar. Toca instrumentos musicales, baila, participa en la representación de obras de comedias y farsas. Esa fue una manera de manifestar su dominio de la expresión.

La segunda forma de mostrar su palabra fue la del enérgico mando. Al marqués de Santa Cruz le daba órdenes firmes de actuar contra los hombres de buques apresados: «los hombres tomados han de ser enviados a galeras, excepto los capitales, maestros y oficiales que deberán ser ahorcados o echados al agua«.

Cuando Alfonso de Peralta, gobernador de Bugía, en Argelia, perdió la plaza y regresó a España, fue apresado y condenado a muerte. «Con pregones afrentosos – cuenta el cronista Sandoval –  le fueron desarmando, hasta llegar a la plaza Mayor, donde sobre un tablado,  le cortaron la cabeza como a cobarde«.

También hubo una importante palabra oral en el auto de fe de Valladolid. Pero no de ella sino, bajo su presidencia, del famoso intelectual orador sagrado, gran teólogo dominico, Melchor Cano. Habló con gran vehemencia durante una hora:

«La vida nada es sin la virtud de la fe verdadera, la salvación es el goce eterno, la existencia temporal es un soplo fugaz. … Y la muerte para el arrepentido es la resurrección a la vida eterna«.

Parece que a Juana, aunque tildada de áspera y rectilínea,  le dolía amargamente todo esto porque disimuladamente sollozaba.

La tercera forma de utilizar la palabra oral por parte de Juana fue para controlar el sufrimiento por medio de la resignación y el silencio. Así nos lo cuenta Aroní Yanko que lo expresaba: «Nunca, por temor a preocupar a los reyes, proferí una queja que pudiera alertarles de mi mala salud. Y prohibí a mis damas que hablasen de mis dolencias a nadie«.

ISABEL CLARA EUGENIA, SOBERANA Y GOBERNADORA DE FLANDES.

Isabel Clara eugenia

La primera hija de Felipe II nació en Valsaín en agosto de 1566. Sus primeros años los pasó en Madrid bajo la tutela de su madre Isabel de Valois. Fallecida ésta fue llevada con su hermana a Ocaña, Aranjuez y Arévalo. Vivió también en las Descalzas reales de Madrid.

Desde los 21 años estuvo muy a la vera de su padre, primero delicado, luego enfermo. De este acompañamiento sacó Isabel Clara una importante experiencia política y administrativa.

A poco de morir Felipe II, Isabel Clara Eugenia se casó con su primo Alberto de  Austria, gobernador de Flandes. Con el matrimonio, Isabel Clara Eugenia obtuvo como dote los Países Bajos españoles (Flandes). España mantenía la defensa y las relaciones exteriores. Pero en los asuntos internos (Acta de Cesión de 1598), tuvieron pleno dominio disolviéndose en Madrid el Consejo de Flandes.

Isabel Clara Eugenia promovió una actitud de acercamiento al pueblo superando en ello a su marido menos dotado que ella para la política. En 1609 se estableció una tregua que duró doce años. El acercamiento a la población de los soberanos resulta muy efectivo disminuyendo la presencia militar y fomentando exitosamente el  comercio.

Isabel Clara Eugenia y Alberto buscaron la independencia completa de la corte de Madrid. Fueron sustituyendo el personal español de su casa por flamencos. Se esforzaron por llevar una política internacional propia. De esa forma se produjo una relación idílica de los archiduques con el pueblo. No persiguieron penalmente a la herejía sino que lucharon contra ella apoyando a la Iglesia y generando un auge muy popular en el catolicismo. Santuarios, peregrinaciones, predicaciones. Reformaron la universidad de Lovaina, restauraron la capilla regia en su palacio de Coudenberg como mecanismo de propaganda ideológica.

Los soberanos aceptaron el influjo de las actitudes erasmistas promovidas principalmente por Justus Lipsius. De esa forma los archiduques consiguieron crear un oasis de estabilidad en medio de una situación muy complicada. Muerto Alberto en 1621, Isabel Clara Eugenia ya no fue soberana sino gobernadora de un Flandes revertido de vuelta a Madrid por haber muerto de niños los hijos del matrimonio.

En 1621 Felipe IV, orientado por Olivares, fallecido Alberto, no renueva la tregua. Se produce entonces una confrontación entre la no ya soberana sino simplemente gobernadora y Madrid. Isabel Clara Eugenia quiere seguir manteniendo el diálogo para la paz con los holandeses. Se opuso a la conquista de Breda. Al morir fue considerada por los flamencos princesa de la paz y madre de la patria.

Y, como todas las mujeres de la casa de Austria, también Isabel Clara Eugenia fomentó el arte. Desde Flandes lo expandió también a España.  En los retratos (Pantoja de la Cruz, Rubens), aparecen los símbolos de la posición encumbrada de los archiduques, de manera particular, en ocasiones, los de la Infanta. Los soberanos fueron pintados por Pantoja de la Cruz, Brueghel, Rubens con quien Isabel Clara Eugenia tuvo muchísima relación, Van Dyck que se llamó a sí mismo pintor de su Majestad.

Cuando se visita Bruselas se explica la rememoración de las ejecuciones del Duque de Alba en la Grand Place. Pero no suele decirse desgraciadamente que en la catedral de Bruselas está enterrada Isabel Clara Eugenia en recuerdo de lo que hizo en favor de la paz y el buen entendimiento.

La utilización de la palabra.

La comunicación de Isabel Clara con los grandes políticos de su tiempo, particularmente con los validos Lerma y Olivares, muestra el dominio de una retórica muy entrañable:

A Lerma: «todo el tiempo se me pasa en imaginar a mi hermano con su hijo y lo que hará con él y creo cierto que donde acá estoy yo más loca con esto de lo que él puede estar de contento«.

Y muy práctica:

A Olivares: «gasto de las fortificaciones y reparos de la villas y fronteras … gasto de los fuertes nuevos, necesidades de las guarniciones, gastos de velas y leñas para los cuerpos de guardia, mantas, gergones, y pajadas para los soldados alojados en barracas y pan de munición que se da a las guarniciones lo que dan para el sustento de mi casa y una infinidad de gastos«.

Incluso en las relaciones posteriores de gobernadora con la clase dirigente de España, ella siguió promoviendo el diálogo y Madrid la confrontación. A pesar de sus esfuerzos ante Olivares, Isabel Clara Eugenia no consiguió que prevaleciera su espíritu abierto y dialogante.

La confianza en la palabra la trasladó Isabel Clara al campo de reafirmación del catolicismo frente a la disidencia protestante. Favoreció, en un alarde de gestión de la palabra, a Bernard de Montgaillard, elocuentísimo predicador, logrando el gran desarrollo de la devoción a Nuestra Señora de Montaigu, en el marco de la abadía cisterciense de Orval. Tras la muerte de Alberto, pronunció la oración fúnebre poco después publicada como pieza oratoria excepcional.

Como bibliografía para conocer más a fondo a las mujeres citadas mencionamos a Antonio Villacorta Baños, autor de una biografía sobre la Emperatriz Isabel y de otra sobre Juana de Austria, la hermana de Felipe II. Isabel Clara Eugenia, hija del rey prudente, nos es dada a conocer en el libro de Miguel Ángel Echeverría, Flandes y la monarquía  hispánica.

Como curiosidad este año Patrimonio nacional, desde Diciembre del 2019 a Marzo del 2020 realiza una exposición dedicada a las mujeres de la casa de Austria, lleva por titulo:

Carlos
carlos.llerena@theshedcoworking.com
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