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La sensibilización de las ideas como una de las claves para conectar con la audiencia - EL arte de la Oratoria
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El principe

La sensibilización de las ideas como una de las claves para conectar con la audiencia

El emborrachamiento de la anécdota, pasión del orador.

            El objetivo del orador que se dirige a un público, un público que debe llegar a ser totalmente suyo, es transmitir sus propias ideas. Realiza al hacerlo, un ejercicio de persuasión. La exposición sin más de las ideas, sin embargo, por buenas que estas sean, puede hacerse de forma poco atractiva. Para conseguir eficacia oratoria es necesario conducir a la audiencia al ámbito imperioso del hablante, revistiendo su transmisión de sensibilidad.

 

            Para aprender a hacerlo nos va a resultar muy útil examinar de qué forma supo Maquiavelo encarnar sus ideas, o por lo menos acompañarlas de formas sensibles. Vivía persuadido Maquiavelo de que – tal como nos dice su biógrafo Viroli – «más que un razonamiento, lo que vale es un ejemplo, una historia«.  Así labró un extenso anecdotario.

El principe de Maquivelo

            Voy a enumerar aquí las más importantes persuasiones que encuentro en los veintiséis capítulos de El Príncipe. Después de exponer cada una de ellas, examinaré cómo Maquiavelo, las reviste ardientemente de sensibilidad.

  • Primera idea: La ética y la política deben ir separadas.
  • Segunda idea: La conducta del príncipe (o gobernante político) debe ser más mezquina que liberal.
  • Tercera idea: El Príncipe debe estar siempre por encima de los consejeros y de los consejos.
  • Cuarta idea: Es mejor que el gobernante sea temido que querido.
  • Quinta idea: El Príncipe debe ser temido, pero sin que el temor derive a la crueldad, salvo circunstancias.                 .
  • Sexta idea: El Príncipe debe ganarse entre el pueblo un buen renombre.
  • Séptima idea: El Príncipe debe tener al pueblo contento y lograr que se encuentre satisfecho con   lo que él hace.
  • Octava idea: El Príncipe no debe ser odiado.
  • Novena idea: El Príncipe no debe ser despreciado.

 

   Como puede verse, las ideas aquí expuestas pertenecen al ámbito de lo civil. Las militares las dejamos para otra ocasión.

            Una vez realizada la enumeración, conviene que la detallemos, reflexión tras reflexión, viendo cómo Maquiavelo analiza el contenido y busca su sensibilización. Son ejemplos de extraordinario valor para ser aplicados por el orador.

 

Primera idea: La Ética y la Política deben ir separadas.

            El análisis de este convencimiento – tan fundamental en Maquiavelo – lo explico de forma oral en el webinar Cómo ser un gran comunicador, así como los ejemplos en los que encarna la sensibilización del mismo. A ellos remito al lector.

           

Segunda idea: La conducta del príncipe debe ser más mezquina que liberal.

            Para Maquiavelo, si el príncipe es liberal, lo será solo con unos pocos y tendrá que resarcirse con impuestos a los muchos. Más vale pues que sea mezquino con esos pocos y liberal con los muchos al no cargarles con obligaciones monetarias. No debe temer tener fama de mezquino porque la mezquindad solo «trae consigo el reproche sin odio». Nada más puede haber una excepción: ser liberal con los bienes ajenos permitiendo a los soldados el expolio de lo que conquistan.

            Maquiavelo nos pone el ejemplo de tres grandes personajes que actuaron así:

      1.  César, que para sobresalir en Roma, moderó sus gastos.

    Cesar

    1.  Fernando, el rey de España, quien prestando poca atención a la fama de mezquino, estuvo capacitado para gobernar.

Fernando el Católico

 

    1.  El papa Julio II que fue mezquino para acumular ahorros y llevar adelante varias guerras «sin aplicar impuestos extraordinarios a sus ciudadanos».

Papa Julio II

Tercera idea: El Príncipe debe estar siempre por encima de los consejeros y de los consejos.

            El tratamiento que hace Maquiavelo de la afirmación citada, lo expuse, con el ejemplo de la conducta al respecto del Emperador Maximiliano I en el webinar charla coloquio organizado por «Oratoria Training Camp» titulado Profesores con clase. A él remito al lector.

Maximiliano I

        

  Cuarta idea: Es mejor que el príncipe, más que querido, sea temido, pero sin que el temor derive a la crueldad, salvo necesarias circunstancias.

            Se hace esta pregunta Maquiavelo en el capítulo XVII de El Príncipe. Y responde afirmativamente. Analizando la cuestión desde un punto de vista muy realista, que es el objetivo que se ha propuesto, Maquiavelo afirma que «los hombres ofenden antes al que aman que al que temen». Un axioma de campeonato que, como tal, se impone por sí mismo a partir de la experiencia. No necesita demostración.

            Maquiavelo comenta inteligentemente la cuestión. Lo mejor que puede haber es ser amado a la par que temido. Un equilibrio que desgraciadamente es muy difícil que se dé en una misma persona. Vale de facto más, por lo tanto, ser temido. El amor se rompe a la menor ocasión. El temor, preservado por miedo al castigo, nunca falla.

            Termina Maquiavelo el trato de esta cuestión con un silogismo de notable nitidez. El temor es controlado por el príncipe. El amor depende de la voluntad del súbdito. El príncipe hallará su predominio prefiriendo lo que él controla a lo controlado desde fuera de él.

            Cuando el diplomático florentino habla del temor, no tiene más remedio que examinar sus afirmaciones en relación con la crueldad. El fomento del temor en el individuo no tiene que llegar a la utilización general de la crueldad porque, con unos pocos castigos ejemplares, el príncipe puede ser más misericordioso que con un exceso de clemencia. Le excesiva clemencia produce a todo el pueblo, desórdenes muy dañinos.

            El temor de un colectivo como puede ser el de un ejército sí que abarca de lleno a la crueldad. Maquiavelo hace la distinción con toda claridad. Unas veces habla del príncipe en general. Pero aquí habla del príncipe que está al frente de su ejército. Un lugar en donde temor y crueldad van juntos. Y siguiendo la reflexión propia de su estilo, el diplomático florentino nos ofrece una prescripción práctica contundente del todo. En dicha situación, el príncipe «es muy necesario que olvide su fama de cruel».  Interesante distinción la de Maquiavelo entre «ser cruel»  y «tener fama de cruel».

            El último paso que da Maquiavelo es la negación total de la crueldad originada por conductas humanas irracionales. Como la del emperador romano que cometía iniquidades contra el pueblo solo por el hecho de contentar la rapacidad de los soldados.

                        1 -. Un modelo del primer tipo de conducta para Maquiavelo fue César Borgia que con su crueldad hacia unos pocos, desplegó para todos una misericordia que reconcilió a la Romaña. Utilizaba un temor nacido de causas racionales buscando alcanzar un bien superior.

Cesar borgia

                        2 -. En el ámbito descrito en segundo lugar, nos ofrece Maquiavelo el mejor ejemplo. El de Aníbal que para conducir un gran ejército con hombres de tantas razas, por tierras extranjeras, fue necesario que se sirviera de una crueldad inhumana que coronaba el resto de sus numerosas virtudes.anibal

Una comparación con Escipión le resulta a Maquiavelo del todo acertada porque muestra el efecto menos logrado que consiguen otras grandes cualidades no encabezadas por la crueldad.

  Escipión el africano

                        3 -. El tercer ejemplo es el del emperador Cómodo que impulsaba a la crueldad para divertir a los soldados.

emperador ComodoQuinta idea: El príncipe debe tener control de sí mismo y control de los demás.

            De cuando en cuando encontramos en el estilo de Maquiavelo unos rasgos psicológicos que, además de ser profundos, son muy agradables. En cierta ocasión nos dice que el príncipe «no debe tener miedo a sí mismo». Debe ser templado, prudente y humanitario.  Jamás abandonar la majestad de su rango.

            En ese control del que vamos hablando y en relación con los vaivenes de la fortuna, el príncipe en sus métodos, debe adaptarse «al espíritu de los tiempos». El príncipe cauteloso y paciente, si no cambian los tiempos, tiene éxito. Pero si cambian «quedará arruinado sino varía el rumbo de sus acciones». Es mejor «ser aventurero que cauteloso» porque la fortuna es mujer a la que gustan los hombres jóvenes, violentos y audaces.

                        1 -. Un ejemplo brillante nos pone Maquiavelo, el de Julio II. Dicho papa percibió claramente que el estilo y circunstancias de su época iban parejos con su manera de ser. Por eso sus acciones siempre tuvieron éxito destacando entre ellas la empresa contra Bolonia. Más adelante, arrastró a su política militar a Francia humillando a los venecianos.

 Sexta idea: El Príncipe debe ganarse entre el pueblo un buen renombre.

            Un renombre que un príncipe logra si muestra «grandeza en sus acciones, coraje, seriedad y fortaleza». Si muestra también que «sus juicios son irrevocables». De esa forma nadie aspirará ni a engañarle ni a eludirle.

            El renombre lo alcanza verdaderamente un príncipe cuando supera las dificultades y los obstáculos que se le presentan.

            En un determinado momento de su libro, en concreto, en el capitulo XX, dice Maquiavelo que a un príncipe le puede ir muy bien suscitar, de una forma un tanto artificial, enemigos, para tener la oportunidad de derrotarlos y de esa forma aumentar su renombre. Y afirma también que con frecuencia los nuevos súbditos prestan mejor servicio al príncipe pues los antiguos desatienden los asuntos por sentirse demasiado seguros.

            Maquiavelo nos pone, para estos casos, los siguientes ejemplos:

                        1 -. El del emperador Severo autor de hechos grandiosos que le granjeaban la admiración tanto de los soldados como de los ciudadanos. Severo fue a la par «un león de gran valor y un zorro de gran astucia». Tenía dos grandes enemigos, Níger y Albino. Con su valor derrotó primero a Níger en oriente y con su astucia engañó después a Albino. ¡Qué engaños tan falsos los de Severo a Albino! Le decía que quería compartir con él la dignidad de emperador (hasta le envió el título de césar) y que el Senado le había nombrado su colega. Albino ingenuamente se lo creía. De esa forma le quitó su gobierno de Francia y la vida. Fue su «supremo renombre» el que le protegió del posible odio que podría haberse formado contra él.

emperador Severo

                        2 -. Otros claro ejemplo del papa Julio II, ya mencionado.

                        3 -. Un último modelo de obtención de gran renombre entre sus súbditos es el de Fernando de Aragón, rey de España. Obtuvo su renombre con la realización de «actos grandiosos, algunos de ellos extraordinarios». Y se refiere a la habilidad con que conquistó Granada, atacó a los moros en África, ganó la guerra en Italia (Nápoles) y en Francia (Navarra).

Séptima idea: El Príncipe debe tener al pueblo contento y lograr que se encuentre satisfecho con lo que él hace.

            El principio que nos formula Maquiavelo en el capítulo XIX de El Príncipe es muy claro: «tener al pueblo satisfecho y contento … es uno de los objetivos principales de un príncipe».

            Si en tiempos de la antigua Roma podía ser ventajoso lograr la satisfacción del ejército antes que la del pueblo y si en la actualidad puede decirse lo mismo de Turquía en donde los soldados pesan mucho más que el pueblo, en manera alguna  tal actitud se puede transportar a Italia. En Italia, había menos soldados. Era necesario satisfacer antes al pueblo porque era más poderoso que el ejército.

            El príncipe debe mostrarse «amante del talento y honrar a todo el que se distinga en una de las artes». Ofrecer recompensas a quien desarrolle y fomente el comercio y la agricultura. Entretener a la gente con festivales y espectáculos. Estimar las organizaciones gremiales.

            Debe también, por último cuidar mucho el estilo de príncipe siendo «ejemplo de cortesía y liberalidad sin abandonar no obstante la majestad de su rango ya que jamás debe consentir que ésta merme, en ningún aspecto».

                        1 -. La muestra destacada que nos pone aquí es el de Bentivoglio, que consiguió en Florencia que el pueblo estuviera satisfecho y contento.

Bentivoglio

Octava idea: El Príncipe (o gobernante político) no debe ser odiado.

            El recorrido mental de Maquiavelo en relación con lo que decimos es muy claro. Entre ser amado y ser temido prevalece el ser temido. Pero no temido de forma que origine odio contra él: «un príncipe debe soportar muy bien ser temido siempre que no sea odiado».

            El odio al príncipe se origina principalmente por «violar la propiedad y las mujeres de sus súbditos». «Los hombres olvidan antes la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio». Ni siquiera las fortalezas valen algo si el pueblo tiene odio al príncipe.

            No son pocos los ejemplos que Maquiavelo nos pone de dirigentes políticos profundamente odiados. Muchos de ellos por haber ejercitado la crueldad con falta de cabeza. A ello se unen, además, circunstancias aún más opuestas. Cuando hay un levantamiento contra un príncipe, el extranjero siempre está deseoso de apoyar la acción subversiva. Y las fortalezas no valen nada si el pueblo odia al príncipe.

                        1 -. Así le ocurrió al emperador Cómodo que abusó del pueblo y le maltrató solo por satisfacer la rapacidad y el anhelo de diversión de sus soldados.

                        2-. Caso muy singular es el del emperador Antonino , hijo de Severo. Tras matar al hermano de un centurión y de amenazarle cada día, le mantenía en su guardia personal.  Tan burda ceguera le llevó a la ruina.

                        3 -. La crueldad excesiva de Maximino generó un hondo odio contra él.

Novena idea: El Príncipe no debe ser despreciado.

            Le hace despreciable a un príncipe «ser considerado voluble, frívolo, afeminado, de espíritu mezquino, indeciso».

            Maquiavelo nos pone varios ejemplos de príncipes que acabaron mal por ser despreciados. Aconteció así con varios emperadores romanos.

                        1 -. Alejandro fue despreciado por débil, tanto que era dominado por su madre. Ante su debilidad,  el ejército conspiró y le asesinó.

                        2 -. Cómodo, hijo de Marco Aurelio, fue despreciado por que para divertirse acudía a luchar con los gladiadores lo que era considerado impropio de la dignidad imperial. La conspiración acabó con su vida.

                        3 -. El emperador Maximino era despreciado por haber sido de joven pastor de ovejas en Tracia. También por haber demorado la toma de posesión de su máximo cargo en Roma.

            Termino diciendo que Maquiavelo no se conforma con ofrecer al lector unos ejemplos seleccionados como muy precisos. En las 94 páginas que tiene su libro, acumula 180 anécdotas. Además, añade con frecuencia: «»las historia antiguas están repletas de ejemplos». O «las historias están llenas de ejemplos». Y es que su cabeza estaba muy ocupada por las historias y por el anecdotario. Era su pasión. Le embriagó toda una borrachera de sucesos y de particularidades que hacen de sus textos unos conjuntos vivos y lúcidos. Por eso ahora El Príncipe solo en lengua castellana en España, es editado constantemente por catorce editoriales. El anecdotario colma la viveza y la lucidez que debe pretender todo el que habla en público.

¿Os paracen acertadas estas claves para conectar con la audiencia?

Santiago Petschen autor de «el arte de dar clases»

Carlos
carlos.llerena@theshedcoworking.com
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